Café Tacuba y El fin de la infancia

3 01 2015

cafe-tacvba-tacuba-concierto copy20 años después volví a brincar como loquito y a entonar a todo pulmón todas y cada una de las canciones de “Re”. Volví a celebrar un lustro más de vida de Café Tacuba, aunque era el puro pretexto para celebrar  un lustro más de aventuras personales en este lindo universo en el que me tocó vivir.

En  ese entonces, 1994, las fiestas de 15 años estaban a la orden del día, también las oportunidades de pasarlas noches en casa de alguno de mis amigos. ¿Haciendo qué? Jugando SuperNintendo, comentando los más recientes acontecimientos de nuestro pequeño círculo social, escribiendo guiones cinematográficos que luego actuaríamos y grabaríamos con unas producciones dignas de cualquier película de los hermanos Almada. El resto de la noche la pasábamos brincando como loquitos  con la ” Ingrata” y “El Borrego”,que estaban ad hoc para el slam. Y si no, con cualquier otra canción. Eso era lo de menos, la cosa era divertirse. Al fin y al cabo sólo nos teníamos que preocupar por respirar.

Los siguientes 10 años transcurrieron como canción de Juan Gabriel: “… en la misma ciudad y con la misma gente”. Los mismos personajes de la secundaria, pero con aventuras renovadas, recién graduados de la universidad y con un poco más de responsabilidades. Nada de que asustarse. También fui a una fiesta de XV años,la del Café Tacuba, que seguía vigente y renovado. La celebración fue un conciertazo en el Palacio de los Deportes. Ese año conocí a la que se convertiría en mi esposa. Al concierto fui con uno de mis compadres y gran amigo.

Luego de cinco años, dos trabajos, muchas nuevas experiencias y una mudanza después, regresé al domo de cobre para celebrar con mi novia y mi cuñado los 20 años de esta folklórica agrupación.

Y de pronto ¡pum¡ ya era 2014, ya me había casado y cuatro lustros habían pasado. Los primeros acordes de “Re” hicieron vibrar al Auditorio Nacional, la primera canción comenzó a cantarse y los primeros flashazos de recuerdos me transportaron al salón de 2do B del Colegio Avante, a las casas de mis amigos, a los momentos felices de la infancia tardía, de la adolescencia temprana, a la prepa, a las travesías en esta ciudad de México, a Acapulco, a Veracruz, a Tequesquitengo, a la “Cumbancha” y su singular tripulación, a las fiestas donde aún no bebíamos alcohol… En resumen: un golpazo de nostalgia. Miré a mis acompañantes, mi esposa y mi cuñado, mire a otros treintañeros que tenían la misma cara de gozo, me encontré a un compañero de la universidad y fui completamente feliz de nunca haberme dado cuenta del fin de la infancia.

Y entonces llegó otra canción y otro verso que tantas veces había cantado, pero nunca con tanta emoción y nunca con la piel chinita: “y seis meses para vivirte…y otros nueve pasarán para sentir que nuevas flores nacerán”. Voy a ser papá.
Muero por saber quién será mi acompañante al concierto dentro de cinco años.

Del teclado de: @elojero 

Anuncios

Acciones

Information

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s




A %d blogueros les gusta esto: